Asi continúe viendo cosas y escuchad voces cuando estaba sola. Decidi pasar asi el menor tiempo posible, para evitar mas encuentros extraños. Ya había pasado un mes desde que habíamos jugado y yo llevaba 3 semanas viendo a una psicóloga. Se lo comente a Sarah, mi psicóloga, quien por supuesto, no me creyó. No necesitaba verla para saber lo que pensaba de mi: loca. Pero solo yo sabia que no eran alucinaciones, no, todo era a raíz de ese juego mal cerrado.Lo que no lograba comprender era porque solo a mi m pasaban estas cosas, a nadie de mis amigos le sucedia lo mismo. O al menos no aun, no solos.
Una tarde fui a casa de Hector, teníamos trabajo de equipo juntos. La tarde paso como si nada, terminamos el trabajo y todos se fueron. Me quede mas, pues vivía lejos y tardarían en llegar por mi. Su mamá tuvo que salir por unas cosas y nos dejo solos. Ahí fue que todo empezó. Fue entonces que de una vez por todas comfirme que no estaba loca, para nada loca. Platicabamos de tonterias como de costumbre, mientras el juagaba en un juego de computadora que solia jugar siempre.
Las luces parpadearon y me tense de inmediato aunque sabia que nada debía pasar, no estaba sola. Su pantalla repentinamente se puso en blanco. Golpeo un poco la computadora para intentar arreglarla y esta solo se apago, después siguieron las luces. Estabas completamente a oscuras, y yo estaba paralizada del miedo. Entonces esa voz, la voz de mis pesadillas volvió, pero ya no solo me llamaba a mi, también lo llamaba a el.
Una sola luz se encendio y lo vimos, ambos gritamos. La puerta se abrió y de golpe todo había vuelto a la normalidad. Las luces estaban encendidas, al igual que la computadora, y no habia nadie donde antes estaba esa cosa. Solo estábamos el y yo, pálidos del miedo. Y pensar que todo apenas comenzaba.
Una tarde fui a casa de Hector, teníamos trabajo de equipo juntos. La tarde paso como si nada, terminamos el trabajo y todos se fueron. Me quede mas, pues vivía lejos y tardarían en llegar por mi. Su mamá tuvo que salir por unas cosas y nos dejo solos. Ahí fue que todo empezó. Fue entonces que de una vez por todas comfirme que no estaba loca, para nada loca. Platicabamos de tonterias como de costumbre, mientras el juagaba en un juego de computadora que solia jugar siempre.
Las luces parpadearon y me tense de inmediato aunque sabia que nada debía pasar, no estaba sola. Su pantalla repentinamente se puso en blanco. Golpeo un poco la computadora para intentar arreglarla y esta solo se apago, después siguieron las luces. Estabas completamente a oscuras, y yo estaba paralizada del miedo. Entonces esa voz, la voz de mis pesadillas volvió, pero ya no solo me llamaba a mi, también lo llamaba a el.
Una sola luz se encendio y lo vimos, ambos gritamos. La puerta se abrió y de golpe todo había vuelto a la normalidad. Las luces estaban encendidas, al igual que la computadora, y no habia nadie donde antes estaba esa cosa. Solo estábamos el y yo, pálidos del miedo. Y pensar que todo apenas comenzaba.
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