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Promesa de amor… (Capitulo 1)

El sol caía en su frente, tras mirar ligeramente hacía el cielo y se preguntaba que de bello veían en aquella cosa de formaciones diversas, de colores cambiantes, era un simple cielo, un maldito y aburrido cielo que nunca era el mismo, que nunca era igual para todos. Suspiró al tiempo en que recogía sus cosas del piso y se colocaba la bolsa al hombro, ya era mucho el estar como cualquier boba niña que suspiraba por ver el cielo y pensar en su amado, que a diferencia de todas ellas, ella suspiraba por que le aburría el actuar de esa forma.

Su prueba había terminado desde ya algunos minutos, escapo de Naomi y de los de más de forma enigmática, según iba a ir al baño, todos la vieron entrar pero nadie salir, cuando su amiga se había preocupado y decidido entrar por ella, se llevo la sorpresa de que no estaba. Naomi intento respirar pero el comportamiento de su amiga Jesabeth ya no le gustaba para nada, Beth, como siempre le decían, ya se había pasado de la raya al; primero, evitar el tema; segundo, comportarse como una niña de cinco años al escapársele de esa forma y tercero, al seguir negándose a una segunda oportunidad. Hablaría con ella, así fuese su misión imposible, el caso estaba en planear el cómo lo haría.

Por su parte, Jesabeth camino sin darle más importancia al cielo, hoy le tocaba ir a casa por el camino verde ¿Por qué por ese camino? No lo sabía, simplemente hoy quería otra ruta, no importaba que a la mera hora se hiciera más tiempo o que gastara más; la razón residía en que no quería toparse con aquel chico acosador que pretendía enamorarla a costa de todo. Un problema más para agregar a su lista de cosas malas, aunque sabía que un día de estos le debía pedir una disculpa a Naomi, debía ser realista, era la única que en verdad le aguantaba todo; desde hacía ya más de 6 meses le había aguantado su total cambio de humos, seguía con la incógnita del por qué ella había cambiado y empezaba a creer que ya era tiempo de hablarlo con su amiga.

Marco igual le aguantaba todo, es más le enviaba regalos, cartas, flores; que ella creía que se habían quedado en la escuela o en manos de su mejor amiga cuando eran regalos que le dejaban un poco sorprendida por su valor económico, pero no, ahora notaba que no era de esa forma, a él ya no le bastaba que la chica arrojara todas sus cosas a la basura, muchas veces estando él aún presente para ver lo que le ocurría a sus detalles. Ahora se dedicaba a ir tras de ella, pagarle el pasaje, llevarla hasta su casa y que el cielo lo cuidara ya que cuando los regalos llegaban a la casa de ella, no salían tan fácilmente, ese era Marco, bien masoquista por querer a una antipática como ella, aunque él le aguantara todo los malos tratos seguía ahí para ella, pero no necesitaba un novio, necesitaba un amigo y él no se prestaba a ser eso.

Cuando los regalos traspasaban la puerta principal de la casa, sus tías no la dejaban arrojar nada a la basura y su madre le pedía que fuese cuerda y agradecida por los detalles, las flores salían marchitas y los dulces se los quedaban sus primos. Insoportable todo esto y más por que los pequeños alhajeros, cajas de música, joyería y peluches, se estaban acumulando en su cuarto, la sala y debajo de la cama. El espacio se reducía, imaginaba con crueldad pura que si le pidiese casa o departamento a Marco, él se la daría.

Caminando se puso a reflexionar un poco, a lo largo de este tiempo siempre había hecho el desprecio pero jamás le había dicho nada a él para que se alejara, un “Marco muérete, no me gustas ya déjame en paz” o algo por el estilo. Sonrió levemente y ahora ya sabía que hacer para que todo esto terminara. Aunque no lo reconociera, le dolía mucho el tratarlo de esa manera, el chico era tierno, dulce, amigable, se veía que la quería mucho. Beth se dio un pequeño golpe en la mejilla, empezaba a regresar esa niña dulce que antes era. – Es que no puedo enamorarme de él aunque quiera – Se dijo a sí misma en un susurro ya que era la verdad, si llegaba a hacerle caso al chico, sólo se dedicaría a lastimarlo, al final él la odiaría y ella si seguía como ahora no le importaría pero su subconsciente le diría que había hecho mal o algo por el estilo.

Entrada en sus pensamientos se distrajo del camino y fue a topar contra un chico que andaba en bicicleta. Este venía a gran velocidad, ella apenas había dado un paso fuera del pasto para cruzar la pequeña acera y tomar el camino hacia el transporte cuando ambos se dieron cuenta de su gran cercanía. Su pequeña figura se había ido con todo hacía el pasto, la blusa beige quedo impregnada de verde por la parte baja y los jeans oscuros le ayudaba a que no fuese dramático el accidente, algunas cosas se habían salido de su bolsa y las recogió súper rápido. Apenas y vio al chico que la había arrollado, a diferencia de ella, él había perdido el control de la bici y bajado casi de un salto, sus cosas seguían intactas y fue a ayudar a la joven, ambos tenían raspones pero nada como para llamar a una ambulancia y hacer caos como el que todo mundo intentaba. Que casualidad.

Un gran escándalo se empezaba a formar, ignoró por completo al chico y como pudo logró salir del embrollo sin que le persiguieran con preguntas tontas. Como le chocaba ser el centro de atención, le abochornaba el que la miraran fijamente si no era porque estaba en clase de oratoria o era para decir algo útil a la comunidad estudiantil , por eso Marco estaba fuera de ser un candidato para novio, por eso sé había vuelto indiferente ante todo por eso quería muchas veces desaparecer. Y lo peor del caso, apenas era martes y desde el día anterior su semana se había vuelto un caos.

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Fabián maldijo un poco a los audífonos y a la canción que estaba sonando, ya que le hiso cerrar los ojos un momento, imaginar una bella interpretación con la chica que pudiera ser la de sus sueños y justo al momento de abrirlos la vio a ella. Fue un choque emocional porque creía que era como un llamado del destino, una señal de buena suerte. Intento evadir a la chica para no lastimarla y paso a empujarla con la mochila. Él se apresuro a ayudarle, tomo lo que parecía ser su cartera, dio unos cuantos empujones a las personas que intentaban arremolinarse en el lugar y ya no la encontró en ninguna parte, no se divisaba en ningún lugar a la vista.

Le gente se fue decepcionada pero él lo estaba más por perder a su señal de cambio, hacía apenas un año que se había mudado para la capital de un nuevo país, él nacido en España se había decidió a buscar una nueva experiencia en un lugar de habla hispana y a eso se le debía se hallase en ese embrollo. Miró lo que tenía en sus manos y como regalo del cielo supo que era una señal, no podía ser otra cosa, a la chica se le había olvidado la cartera de las credenciales, tenía la del edificio al que pertenecía, su nombre, en fin, los datos necesarios que él requería para volverla a ver.

Sonrió satisfecho y al caminar casi cinco metros se regresó corriendo, divagando y acariciando el forro de la cartera se había olvidado que él no venía caminando si no en bicicleta, la tomo como si nada y se fue directo a entregarla en la primera estación de servicio de la escuela. Así, ya más contento, se podría ir a casa caminando, alegre y por primera vez en ese largo año, con un motivo más para venir al día siguiente.

Le gustaban las clases aunque muchos no se le acercaban porque era algo tímido, no era la clase de chico que le gustasen mucho las aventuras; hablaba, si, se relacionaba con sus compañeros, si, pero sabía que era demasiado extraño por las costumbres de su cuna, por el respeto que le habían inculcado para con los chicos de su edad.

No era tonto para no saber defenderse, eso quedaba muy claro al ver su anatomía, tenía buena altura, metro setenta y cinco, un poco más, pero no era mucha la diferencia, centímetros más, centímetros menos. Su cabello castaño oscuro hacía juego con sus ojos, aunque al sol se podía ver el reflejo de matices ambarinos que lo hacían verse muy bien, su piel clara y no al exceso, combinaba con su rostro a la perfección, los labios no tan gruesos se veían sensuales en él. Con la ropa, su cuerpo se notaba en armonía, le quedaba bien, se veía atlético pero con ese ligero toque de normalidad que dice que no hay exageración en sus músculos, indicando que todo está donde debería de estar.

Todo pareciera perfecto en él, con el pequeño problema de que no había querido relacionarse bien con ninguna chica, simplemente compañeras de la escuela, rechazaba propuestas de noviazgo hasta ese momento, algo había cambiado en él, algo que le decía que podía permitirse luchar por aquella chica con la que casi se mata en ese accidente. Le empezó a doler el tobillo y se quejo suavemente haciendo una mueca, no importaba, ya nada importaba más que encontrarla al día siguiente.

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